Él está a la mesa

Por: Marilyn Nieves

Pastora, IDD Emanuel

Uno de los momentos más importantes durante mi niñez en mi hogar era el tiempo de cenar todos juntos. Nos sentábamos todos, casi involuntariamente, a la mesa sin excepción alguna. Es obvio que como niño al fin, uno no logra entender la importancia de reunirse a la mesa para compartir los alimentos especialmente si tu programa de televisión favorito se está presentando o deseas correr afuera para jugar con tus compañeros o amigos. No obstante, al crecer y madurar entendí y aprendí a apreciar este tiempo. También comprendí el por qué mis padres insistían en no comprometer este tiempo; entre otras cosas, era un tiempo para re-conectarnos. Durante el mismo, mis hermanos y yo compartíamos incidencias que ocurrían diariamente en nuestras vidas y nos reíamos, llorábamos y compartíamos consejos que nos guiarían a través de nuestra vida.

De la misma manera, pienso en las muchas veces que Jesús visitó el hogar de muchos. Era el momento propicio para compartir Su amor, misericordia, y pasión de forma personal. A la mesa Él saturó la mente de Simón el Fariseo quien no entendía el verdadero significado de la adoración, sacudió el corazón de Zaqueo de tal modo que lo llevó a corregir sus errores y destruyó el ego de doce que discutían en cuanto a quién sería el mayor en el reino. Cada vez que me siento a la mesa recuerdo las enseñanzas de Jesús quien nunca perdía una oportunidad a la mesa para enriquecer, transformar y empoderar la vida de alguien. Siempre que nos sentemos a la mesa recordemos quién nos acompaña y que ofrece a nuestra vida. Brindemos a Jesús, quiene esta a la mesa, una verdadera adoración, busquemos vivir en santidad para Él y sirvamos a otros así como Jesús nos sirvió a nosotros. El Maestro está a la mesa.



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