Crecimiento o estancamiento

“Alabando a Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. (Hechos 2:47)

Desde el momento de la concepción, un bebé comienza a crecer y continúa creciendo través de las diferentes etapas de la vida. El deseo de los padres es que esa criatura tenga un desarrollo saludable, sin problemas físicos ni nada que obstruya su crecimiento. Acaso no es maravilloso contemplar el desarrollo físico, emocional, social y espiritual de un ser humano. Por supuesto que sí, y buscamos todo lo posible por ayudar a ese crecimiento.

¿Qué del crecimiento como creyentes, líderes y pastores?

Como líderes somos responsables por el crecimiento espiritual de las personas a quienes dirigimos en el Señor. Discipular a la gente para que maduren en la fe y ellos a su vez discipulen a otros, debe ser una tarea continua que deberíamos abrazar. Sin embargo, el crecimiento no sólo debe suceder dentro de las cuatro paredes del templo, también debe penetrar a la comunidad; pero es ahí donde radica el problema. Se convierte en un problema para algunos líderes porque carecen de pasión por hacer iglesia fuera del templo, y esta sociedad necesita la presencia de una iglesia con una voz profética.

Lamentablemente cuando una iglesia comienza a decaer, la tentación es buscar todo tipo de excusas para evadir nuestro descuido. Pero la realidad es que paulatinamente el compromiso se va disminuyendo del líder hasta el punto de perder la dirección de la visión y el fervor. Por otro lado, están aquellos que simplemente reman el bote por beneficios personales y no les interesa mucho el crecimiento del reino.

La iglesia de este tiempo necesita líderes y pastores comprometidos con Dios seriamente. Con carácter y pasión por la obra. Un liderazgo íntegro, diligente y transparente. Líderes que se pongan en la brecha y no le tengan miedo a los desafíos del ministerio. Dios respalda el liderazgo íntegro y diligente; pero Dios no hará por nosotros lo que nos compete a nosotros hacer. Está en nosotros ver la necesidad de la iglesia, oír la voz de Dios y movernos en la dirección correcta.

Miremos a nuestro alrededor, evaluemos dónde estamos, qué hemos alcanzado, hacia dónde vamos, cuántas almas se han entregado a Cristo y permanecen en la iglesia, hay jóvenes y niños en la iglesia, les ministramos directamente; tenemos presencia en la comunidad, etc. El estancamiento es sinónimo de muerte. El estancamiento roba todas las posibilidades de vida de una iglesia. Hablando de excusas, la pandemia del COVID-19 no es culpable de todo. Muchos en medio de la crisis se han levantado y han ministrado en maneras que nunca en su vida se imaginaron que harían, y han visto el mover de Dios. ¡Todo depende de nuestro compromiso con Dios y su misión!

Una iglesia a la vanguardia no es aliada del:

a. estancamiento

b. el conformismo/la rutina

c. el síndrome del llanero solitario

d. la arrogancia espiritual

e. el legalismo y la apatía

Una iglesia a la vanguardia debe:

1. Evaluar dónde está

2. Restructurar los ministerios

3. Fomentar el compromiso de un liderazgo sano

4. Tomar acciones diligentes y transparentes

5. Fomentar la rendición de cuentas en todos los niveles

El crecimiento trae dividendos que enriquecen el reino; el estancamiento huele a muerte y a entierro.


Por: Mareleney Rodríguez


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