Mi poder se perfecciona en la debilidad

2 Corintios 12:7-10

Colaboradora: Natalie Casas


Estoy cansada, débil, abrumada. Siento que no aguanto. Esto es difícil. Cometí un error. Estoy mal…


¿Cuántas veces nos atrevemos a decir esas cosas? La gente nos admira y somos llamados a ser fuertes y valientes. ¿Cómo podríamos ser vulnerables, cuando muchos creen que no debemos ser débiles? ¿Hay algo malo en nosotros si nos sentimos así? ¿Estaremos equivocadas? ¿Ya no somos salvos? En palabras de Pablo, "¡En ninguna manera!"

En realidad, se requiere mucha fuerza para que una persona pida ayuda o admita que se equivocó. No hemos sido llamados a poner una fachada, como si todo fuera perfecto. El primer paso en admitir nuestros debilidad es ser realistas y darnos cuenta de que necesitamos la ayuda de Dios; no somos autosuficientes y tampoco peleamos nuestras batallas solas.


Sin duda, creo que podemos encontrar entendimiento en las palabras que Dios le dijo a Pablo: “Mi poder se perfecciona en la debilidad”. Nunca experimentaremos el gran poder y respuesta de Dios en la debilidad si nunca damos ese primer paso en admitir que somos débiles. Podemos perder mucho tiempo y esfuerzo estancándonos en las pruebas o dificultades, tratando de pelear con fuerzas que ni siquiera tenemos y terminamos peor que cuando empezamos. Entonces, es imprescindible aferrarnos a la esperanza que tenemos en la Palabra.


Pablo expresa enfáticamente que tiene gozo en las debilidades, afrentas, necesidades, persecuciones y en angustias. Específicamente declaró que es en esos momentos de debilidad cuando él es fuerte. Somos fuertes cuando reconocemos nuestra incapacidad y le pedimos a Dios que acuda a nuestro rescate. Creo que esa es la clave para que todos los cristianos puedan experimentar la gracia y la ayuda de Dios. Podemos ver a Dios en maneras inimaginables.


A veces, somos llevados a pensar que la fuerza está en permanecer fuertes y decir que podemos hacerlo por nuestra propia cuenta, pero la verdadera fuerza está en humillarnos y dejar que el poder de Dios se perfeccione en nuestra debilidad. Dios no nos ha llamado a presumir las fuerzas de Sansón; nos ha llamado a depender de Su poder diariamente, a fin de que seamos creyentes maduros y siervas fieles.


No tengas miedo en reconocer que necesitas ayuda…reconócelo y te invito a que cada día le pidas a Dios que te renueve. Te aseguro que veremos Su poder manifestarse en maneras extraordinarias. ¡Tú y yo podemos!



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