Voy por el botón dorado

Por: Yesenia Cervantes


Existe un programa de televisión donde el participante se sube a una plataforma frente a cuatro jueces que dan el “pase”, dependiendo de su actuación. Aparecen talentos como cantantes, comediantes, músicos, y una lista larga sin límites y sin edad. Cada juez cuenta con un botón rojo que cuando lo oprime, emite un sonido de bocina bastante ruidoso. Esto le hace saber al participante que a ese juez no le gustó su participación por falta de contenido, afinación o preparación. Cuando ese botón rojo se oprime puede ser gracioso para el que está sentando en la audiencia, pero no tanto para el participante. Lo que más me llama la atención de este programa es un botón dorado que está al alcance de los jueces; cada uno de ellos tiene la oportunidad de oprimir este botón una sola vez para el concursante cuyo número diligente haga vibrar su corazón. Cuando este botón se activa, una lluvia de confeti cae sobre el participante y una genuina reacción de emociones y euforia llena el lugar, contagiando aun a los que miramos a través de una pantalla, ¡Qué celebración!


La palabra de Dios nos dice en 2 Timoteo 2:15:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad”.


El consejo de Pablo a Timoteo es útil para nosotras hasta el día de hoy. En realidad, manejar a tu familia, ministerio, trabajo o cualquier otro talento que Dios ha depositado en ti no es fácil. Pero cuando honestamente inviertes tiempo de calidad y buscas el rostro de Dios a través de la oración para ser buena madre, esposa, amiga y consejera, tienes la seguridad de ser aprobada. Tu trabajo en el Señor jamás será en vano.


Yo me imagino el día cuando lleguemos a presentar nuestro talento delante del justo juez, ¿qué botón oprimirá con nuestro desempeño? Seguramente, si seguimos el consejo de Pablo, habrá una lluvia de confeti espiritual al oír estas palabras, “Buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré”. Este consejo es para todos: hombres y mujeres.


Haz que tu diligencia haga vibrar el corazón de Dios.


¡Qué celebración!