Pensando en grande


Por: Dr. Luis O. Rodríguez

Cuando era niño escuché este dicho peculiar muy coloquial que decía, “En la corte de los pequeños, el gigante siempre saldrá culpable”.[1] En esencia lo que éste dicho implica es que para los que están acostumbrados a pensar en cosas pequeñas, lo agrandado es visto con sospecha. No obstante, es imperante dejar por sentado que pensar en detalles pequeños no constituye un problema o es un defecto humano. De hecho, la Biblia exhorta a no menospreciar las cosas pequeñas (Zacarías 4:10). Pero limitar el potencial de alguien o algo por solamente pensar en detalles pequeños sí constituye una afrenta en contra del desarrollo humano y más aun cuando nos referimos al potencial del reino de Dios.


El Salmo 126:3 nos dice, “grandes cosas ha hecho el Señor con nosotros estaremos seguros”. Un vistazo a este Salmo nos revela la actitud de un pueblo que regresa de la cautividad pensando en las incontables maravillas y prodigios que hizo Jehová con Su pueblo, librándolos de la cautividad babilónica y devolviéndoles la esperanza. Demuestra una nueva visión que contempla la grandeza de Dios luego de un período de sufrimiento y dolor.


Con esta actitud en mente y mirando hacia el futuro deseo invitar al lector a pensar en grande y envisionar las maravillas que Dios va hacer con Su pueblo. Sin lugar a dudas, hemos vivido tiempos muy atropellados y confusos. La visión pudo haberse empañado y cegar nuestro paso a paso. No obstante, es tiempo de enfocarnos en las cosas grandes de Dios, en Sus promesas de bendición y prosperidad para Su iglesia. Por tal razón, exploremos este tema cautelosamente.


¿Qué dice la Biblia en cuanto a las cosas grandes?


Un vistazo bíblico demuestra que nuestro Creador se interesó en el crecimiento y las cosas grandes desde el génesis de la creación. Los primeros actos creativos tuvieron que ver con el movimiento y la expansión de grandes elementos de la creación como lo son el mar, la luna y el sol. Desde el principio, Dios trató con cosas grandes.


El llamado a Adán y Eva a procrear y multiplicarse con el fin de llenar toda la tierra es otro ejemplo de grandes expectativas divinas. El establecimiento de un pueblo creciente y en desarrollo que sirviera como ejemplo y nación de Dios es testimonio de esta verdad. La llegada del Mesías es otro gran evento; el cielo y la tierra fueron movilizados para gestar esta encarnación poderosa. El Señor Jesús también manifestó esta dualidad de cuidar de lo pequeño sin dejar de pensar en lo grande. Él observaba las multitudes con compasión y las atendía como es evidenciado por la narrativa de la multiplicación de los panes y los peces. Y por último, la visión escatológica juanina contempla las multitudes que adoran y glorifican a Dios en un concierto celestial.


¿Qué es y qué no es pensar en grande?


Pensar en grande no es evitar procesos pequeños muy necesarios como la preparación personal, el envolvimiento de otras personas, el detenerse para contemplar y afirmar los esfuerzos de todos con el fin de vindicar y agradecer a los que hacen la diferencia. Pensar en grande es crecer, es vivir con la mirada en lo celestial mientras que en el plano terrenal damos testimonio de un Dios inmensamente poderoso. Pensar en grande no es anclarse en lo superficial, lo efímero y pasajero. Con frecuencia nuestros esfuerzos se marchitan cuando nos centramos en asuntos triviales, en controversias sin importancia que repetidamente tienen que ver con opiniones de personas cuya mente es estrecha, corta y miope. Tales no ven lo grande por temor, por complejos personales o tal vez porque pensar pequeño es sumamente cómodo.


¿Qué debemos hacer para pensar en grande?


Le comparto tres consejos. En primer lugar, trabajemos con nuestra actitud ante lo diferente, lo nuevo, lo grande. El temor puede ser nuestro mayor impedimento para pensar en grande. Recordemos que no lo sabemos todo, pero todo se puede saber. En segundo lugar, tracemos un plan para llegar de lo pequeño a lo grande. Un plan real con metas a corto, medio y largo plazo. Establezca siempre un plan y no sólo se quede en el establecimiento, trabaje para lograrlo. Este plan debe ser flexible, ágil y contextual. Recuerde que vivimos en un mundo cambiante continuamente. Lo que funcionó unos meses atrás tal vez ya no funciona, esto entonces nos obliga a evaluar nuestros modos de operar. Por último, recuerde que llegar a lo grande no ocurre sin dos elementos esenciales, la paciencia y la colaboración.


Esperemos y reconozcamos a los que nos acompañan desde lo pequeño hasta lo grande.

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